Búsqueda blog.com.es

  • De vuelta.

    Aquí vamos de nuevo, con el pesimismo de costumbre y la inútil decisión de descargarlo en un espacio como éste.
    Hoy viajé siete horas en bus. Aqueroso. Más aún cuando lo que estaba dejando atrás eran los recuerdos de unos seis días tan brillantes como el sol, y lo que se veía a lo lejos era un sometimiento que me sonaba a truenos y relámpagos, a olas que traían rocas.
    Odio escribir así, a veces siento que ni siquiera es lo que siento, y que acumulo palabras y frases rebuscadas con el sólo fín de dármelas de alguien quizás con un poco más de instinto poeta. Poeta al peo, por supuesto, es de la única forma que me puedo llamar.
    Pasaron tantas cosas. En realidad no sé si tantas, pero en este instante pienso que este viaje algo cambió en mí, no sé realmente qué, pero puedo decir que fumarme un caño es lo que realmente necesito ahora para explayarme y gritar al mundo que el olor de cualquier cosa que de ahora en adelante huela, es el opuesto al que sentía hace seis días oliendo esa misma esencia.
    Hace un rato hablaba con Carlos.
    C: cómo estai?
    P: no sé, me siento como mal.
    C: por qué?
    P: no sé. nunca te has sentido mal porque sí no más?
    C: sí. no has escuchado música triste hoy por casualidad?
    P: no.
    C: extrañas a alguien?
    P: no.

    Mentí. Extraño mucho a un tal S, pero da igual. Siempre quedo como la tonta después de todo, quizás no ante al mundo pero ante mí sí. Ese tal S fue lo mejor de mi viaje, aunque me haya hecho trizas.
    Mentí. Hoy ha sido el día de todo el año en que más he escuchado música triste, pero no hace que el día haya sido como fue.
    Me dio sueño y voy a dormir, esperando mañana despertar sobre hojas de otoño y cantando con la Carol esa canción de la nombrada estación.

  • Viejito Pacuero, acuérdate de mí.

    Un cerebro del porte de un buque, una eterna voz que me grite un 'vamos, tu puedes!' cada vez que surja el impulso de tirarme contra los autos, la madurez que nunca nació, son, hoy por hoy, algunas de las cosas que quiero pedirte, Viejo Pascuero, Santa Claus, Papá Noel o como quiera que te llames.
    A tan sólo dos horas de haber realizado la primera parte de la, por qué no decirlo, esperada Prueba de Selección Universitaria, me surgen unas cuantas o más bien unas demasiadas dudas que me introducen el miedo que antes de darla nunca tuve. Sé que manifestarlas aquí no sirve de mucho pero sí me ayuda a saber si en verdad me incomodan esas dudas o sólo estoy parando el dedo.
    Lo primero que se me ocurre decir es que me fue Mal, el primer indicio de que mi hipótesis de 'no entraré a estudiar nada' se está comprobando poco a poco. Al plantear esta inteligente tesis no se me ocurrió pensar qué diablos haré de mi vida, hasta que hoy al salir de la prueba se me atrevesó sonriente un promotor del reconocido preuniversitario Pedro Taquilla, entregándome un folleto de éste y al mismo tiempo diciéndome un Suerte tan frío y lejano que al alejarse el tipo lo primero que se me vino a la cabeza fue que ese mensaje no era sino cien por ciento subliminal. Lo que en realidad quería decirme era: oye! reacciona! te fue mal y no te queda otra que caer en las garras de un preuniversitario!
    Como no me hizo en nada gracia el escondido sentido de sus palabras, me fui a tomar micro con una nube siguiéndome sobre la cabeza hasta llegar a casa.
    Sentada aquí me doy cuenta que todavía no puedo echarme a dormir, hace tanto que me cuesta dormir, y creo que me costará por muchos siglos.
    Pretendo viajar, pero no sé.
    Pretendo salir a pasear todos los días, pero no sé.
    Pretendo finalmente decidirme por no hacer nada, y creo que es la mejor opción. La nada es simpática.

    Espero que el señor con barba blanca vestido de rojo escuche mis peticiones, y entre por la chimenea que no tengo con su saco lleno de mis regalos.

  • Agonia previa.

    Los árboles están afuera y los odio porque soplan y soplan y no me concentro y con nada me concentro y ah!
    Sólo el perro de al lado ladra lindo sólo él todo lo demás que se muera porque no sirve de nada
    Ah y también me acuerdo del perro de ayer que me acompaño al colegio bajo el paraguas porque no quería mojarse
    Hay días en que no sé escribir ni leer ni establecer puntuaciones ni coordinar palabras unas con otras
    Sólo quiero ir a caminar pero no aquí sino allá, sí allá
    y no quiero morirme en dos semanas, porque en dos semanas me muero por si no lo sabían
    Quizás el sol me alumbra en la cara y no veo mis dedos aquí abajo resbalándose al bailar en el teclado nuevo que es muy blando y lo estoy comenzando a odiar
    pero tengo frío mucho mucho y quiero caminar
    Lo dije antes cierto? Ah sí, y no aquí, allá
    Porque las llaves se fueron por una alcantarilla y no tengo como abrir la puerta y quiero entrar y dormir y no estudiar solo dormirme, aunque sé que ni eso puedo en días como éste
    El pájaro que está afuera canta, es un sorsal como diría la mel, pero yo digo es una gaviota que se escapó del mar y vino a visitarme a mi ventana al mejor estilo tue-tue.
    Necesito visitas, muchas
    Quiero que venga el gato y el perro y el hámster y el ornitorrinco
    Mañana quizás duerma aunque no creo
    El sol se va ahora veo mis dedos y me dio calor
    Qué cosas no y la pareja que pasea abajo del edificio de la otra cuadra se pregunta porque no caen las hojas en primavera
    Y el sol vuelve y se va y vuelve y ándate!
    Ya quiero que pasen las dos semanas porque quedan dos cierto? No, creo que menos
    Que pasen esas menos de dos semanas que ya me mato antes!

  • title-313217

    Quería decirte algunas cosas. Pero no te las diré, no aquí.
    Siento un frío intenso en este momento, el día esta nublado pero cálido, supongo.
    Mi casa esta silenciosa a pesar de que hay gente y tengo música de fondo.
    Odio cuando hay contradicciones en mi ambiente, porque no sé realmente como tengo que reaccionar ante el día, y siento la falsedad en carne propia.
    Hoy no tengo un tema determinado del que hablar. Lo siento, pero es uno de esos días en los una persona cero aporte como yo anda fome, con ganas de decir muchas cosas pero sin saber cómo ordenar las palabras de manera que al menos alguien(no se tengo la menor idea quien, solo 'alguien') entienda mi manifiesto del momento.

    Es raro haber salido del colegio. De repente todo acabo. Y yo todavía estoy aqui: primer día de clases de mi vida, aprendiendo a leer, a escribir, y llorando porque mis papas me dejan sola.
    Sigo siendo ese pollo chico sin alas, y con las patas flaqueando, frustrándose eternamente por no poder caminar y porque de distintivo me toca un auto "y yo soy niña!".
    Y veo fotos, muchas fotos de las cuales hay algunas que ni siquiera recuerdo cuando las tome. Imágenes que no parecen haber sido vividas por mi, sino que son retratos de una vida ajena y completamente desconocida.
    Es vomitiva esta situación de extranjerismo hacia mis propias experiencias. Si no fuera porque al pasar al computador las fotos sacadas con 'mi' cámara , y verlas teniendo conciencia de que son fotos que estaban en 'mi' cámara, quizás creería que es algo de otra época.

    Ya no se nada. Sólo que tengo mucha hambre y que debo estudiar para
    la psu.

  • Reencuentros de los buenos.

    Hace días, semanas o quizás meses que caminaba por las calles con la extraña sensación de que algo tenia que hacer. Y si hay algo que realmente me incomoda a tal punto de no poder ni ir al baño tranquila es precisamente eso: no saber que diablos es lo que supuestamente debo hacer y morirme(suponiendo que ya han pasado setenta años) con la inevitable e insoportable duda de no haberlo sabido nunca.
    Por suerte lo anterior no viene completamente al caso, ya que esta vez supe casi en un tiempo récord lo que desde un principio debí saber.
    Es increíble como las películas nos mandan mensajes, no sé si desde su propio mas allá o desde mis propios sueños, o desde quien sabe donde.

    Hace aproximadamente cuatro años que saque a escondidas La Naranja Mecánica de la casa de mi abuela, y desde ese entonces que pertenece a nadie mas que a mí. La cuido mas que a mi vida, y creo que por lo mismo la he visto tan pocas veces: debido al trauma que me genero el hecho que Mary Poppins se haya rallado sólo a las diez veces de haberla visto.

    Sin darme cuenta en un principio, la película comenzó a mandarme mensajes subliminales a través de la tele, producto de ese genial(según mi opinión) reclame de Yo tomo Leche, en el que los protagonistas son la banda esa con el nombre que me da hambre.
    El segundo acto fue comenzar a ensayar en el coro el cuarto movimiento de la irremplazable Novena Sinfonía de Ludwing Van Beethoven. Fue inevitable que se erizaran los pelos de todo mi cuerpo, al percatarme que aquella obra la había escuchado a conciencia por primera vez en el momento de mi hipnotismo casi imperceptible con la película, y al darme cuenta además(y recién) que necesitaba una vez mas presionar PLAY a esa cinta guardada en un rincón del estante, llena de polvo, fruto de mi asquerosa ingratitud.

    Hubo otro hecho, que fue el haber encontrado mi libro de Anthony Burgess, el cual ya daba por muerto, y que de hecho ya había llevado a cabo su funeral.
    Esto ya fue lo último que deje pasar. Simplemente tome el cassette, sople con fuerza y desesperación el polvo que lo cubría, leí luego de tanto tiempo la reseña de la contratapa, me acerque al televisor, introduje la película, rebobiné hasta el final, (creo que hasta antes de las líneas de colores que siempre he odiado ver), y presione el ya olvidado PLAY.

    Adiós Muchacha, bienvenida Debochca.

Últimos posts
Etiquetas

No hay etiquetas todavía.

Pie de página:

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.